10 Reglas de oro para manejar adecuadamente los conflictos con tus hijos

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Sin importar la edad que tengan tus hijos, ellos siempre serán tus hijos y tú, su padre o madre.  Asimismo, sin importar la madurez emocional y espiritual que tengan tanto tú como ellos, siempre habrá lugar a desacuerdos, diferencias y conflictos. 

Es de humanos equivocarse y ofenderse; se puede decir que todos los días ofendes y eres ofendido, en mayor o menor grado, de alguna manera, en tus diferentes relaciones, especialmente con aquellas personas con las que convives y a quienes más amas.

Evidentemente, debe existir una transición en el nivel del ejercicio de la autoridad sobre tus hijos a medida que van creciendo, hasta que ellos hacen sus propias vidas, y aún entonces, la relación permanece, aunque diferente.  Si sembramos bien, nuestros hijos querrán que nosotros seamos parte de sus nuevas familias, y hasta pudiéramos disfrutar del privilegio de ser una especie de ¨consultores externos¨ para cuando ellos lo requieran.

Si sembramos bien, nuestros hijos querrán que nosotros seamos parte de sus nuevas familias

Volviendo al punto de los conflictos con los hijos.  Hemos aprendido la importancia de una herramienta que todos tenemos a la mano, pero que existe la tendencia a no utilizar, y es sencillamente hablar.  Es un error catastrófico acumular dolor, no corregir a tiempo, y no expresar los sentimientos.

Queremos compartirte 10 reglas de oro que hemos aprendido, en el caminar con Dios, para la resolución de conflictos con los hijos:

1- Primero, y por encima de todo, debes aclarar tu mente y tu corazón.
Debes respirar profundo y tomarte un tiempo a solas para organizar las ideas, los hechos, las emociones involucradas y el nivel de gravedad del asunto.  Nunca habrá buen fruto cuando hay ira, resentimiento y confusión.

2- Una vez claro el panorama en tu corazón, aún estando a solas, es recomendable que perdones a tu hijo(a), si es que te ha ofendido, y/o definas aquellas cosas por las que tú tienes que pedirle perdón.

3- Luego, con un corazón limpio, puedes pedirle a tu hijo(a) que necesitas hablar con él (ella).  Aparta un tiempo a solas; asegúrate de que haya privacidad, cero interrupciones y suficiente tiempo para terminar la conversación.

4- Comienza asegurándole tu amor y las razones por las que es necesario hablar.  Manifiesta tu interés absoluto en su bienestar, crecimiento y madurez; así como también, tu anhelo de que la relación de ustedes se fortalezca.

5- Habla la verdad en amor.  La corrección es amor.  Expresa tus sentimientos, tu preocupación por lo ocurrido y la urgencia de hacer los cambios que sean necesarios.

Habla la verdad en amor.  La corrección es amor.

6- Permite que tu hijo/a hable y exprese sus sentimientos.  Escucha su parte atentamente sin interrumpirlo ni juzgarlo.

7- Pide perdón por la parte que te corresponda a ti, sin justificarte y sin señalar a nadie más.

8- Si tu hijo te pide perdón, le concedes el perdón y reafirmas tu amor sin condiciones para él/ella.

9- Hagan compromisos y acuerdos.  Si es posible, escríbanlos y fírmenlos.

10- Cierren este momento con una oración y un abrazo profundo y genuino.

Entre más sana esté tu alma, más podrás ser un padre o una madre de bendición.  

Los hijos es lo que más se quiere en esta vida.  Te invitamos a hacer todo lo que tengas que hacer para que los conflictos con tus hijos puedan ser usados para ganar el corazón de ellos, no para perderlo. 

Entre más sana esté tu alma, más podrás ser un padre o una madre de bendición.  Si piensas que necesitas sanidad y restauración, te invitamos que visites nuestra página.  Hay ayuda disponible para ti.

Home – Canaan

Jaime Garcia

Jaime Alberto García, colombiano de nacimiento, americano por adopción. Ingeniero Civil de profesión, llamado al ministerio y ordenado pastor a los 28 años. Casado con Liliana y padre de tres hijas. Junto con su esposa fundaron hace 12 años una iglesia de restauración llamada Canaán. Canaán es un refugio donde los que sufren hallan consuelo y esperanza; existe por y para la restauración de familias, o individuos, dispuestos a permitirle al Señor que les sane y transforme para Su gloria.
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