5 Diferencias entre perdón y reconciliación que tal vez no conocías

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Durante este camino que hemos caminado ya por tantos años, llamado Restauración, una de las grandes confusiones que existen es en el tema del perdón y la reconciliación.  Es más, una de las razones principales por las cuales las personas no perdonan, es el temor que les produce el pensar que perdonar es lo mismo que reconciliarse con aquellas personas que tanto las han herido.

Para nosotros mismos fue tan liberador escuchar y entender esta revelación: Perdonar no es lo mismo que reconciliarse, es decir, perdonar no significa volver a confiar.  Esta gran verdad nos abrió la puerta para lanzarnos a perdonar por nuestra propia libertad y sanidad, sin el peso de la obligación de reestablecer todas esas relaciones.  

Hoy queremos compartir contigo esta paz y esta libertad que nosotros tenemos, y con ese propósito te presentamos 5 diferencias claves entre perdón y reconciliación:

Primero: Si bien es cierto que la responsabilidad de perdonar recae sobre aquel que ha sido ofendido, también es cierto que la responsabilidad de la reconciliación recae absolutamente sobre el ofensor. 

Esto quiere decir que definitivamente necesitas tomar la decisión de perdonar, pero no estás obligado ni es tu responsabilidad reconciliar la relación, esta carga la ha colocado Dios sobre el ofensor.

Segundo: Puedes perdonar y nunca más confiar en esa persona. ¿Cómo así? Pues así como lo estás leyendo.  Debes perdonar para tu propia sanidad, pero si la otra persona nunca cambia, tú estás en todo tu derecho de mantener distancias para protegerte; y no podrás confiar en él o ella hasta que haya habido un cambio genuino que permanece en el tiempo.  Le va a tomar mucho tiempo reconstruir la confianza, y esto es responsabilidad de aquel que la destruyó.

Tercero: Perdonar es cancelar la deuda y asumir la pérdida, pero nadie puede presionarte a reestablecer la relación como si nada hubiera pasado porque sí pasó.  El perdonar libera y sana tu corazón, pero no tienes que volver a una relación que ha traído dolor a tu vida.  Algunas relaciones se reconciliarán, otras cambiarán y algunas terminarán: todo depende del arrepentimiento y cambio genuino de aquellos que te ofendieron.

Cuarto: Si tú estás del lado del ofensor, entiende que tendrás que hacer mucho más que “pedir perdón” para reconquistar la confianza que perdiste.  El pedir perdón y ser perdonado, no garantizan la reconquista del corazón y la confianza de la otra persona; deberás orar y pedir a Dios un genuino arrepentimiento. Pídele que transforme todo lo que necesita ser transformado dentro de tu corazón, y ora por Su guía para dar pasos y tomar decisiones trascendentales, actos que generen poco a poco la reconstrucción de la confianza que un día destruiste.

Quinto: El perdón se vive a solas con Dios, es un acto entre Él y yo.  La reconciliación es un proceso que no solamente me involucra a mí y a Dios, sino que incluye a aquellas personas que herí. 

Para perdonar solo necesito a Dios.  Para la reconciliación de una relación necesito a Dios, necesito un arrepentimiento genuino, y necesito orar para que aquellos que ofendí puedan entregarme el regalo del perdón, que Dios les muestre mi cambio y puedan algún día volver a confiar en mí.  Quiere decir esto que: la reconciliación va a tomar mucho tiempo y es imperativo que aprenda a esperar y perseverar.

Tanto el perdón como la reconciliación son milagros a los que tenemos acceso porque somos hijos de un Dios de perdón y de reconciliación.

Te animamos a perdonar, y a reconciliar aquellas relaciones significativas.  Nosotros hemos experimentado tanto el milagro del perdón en nuestras vidas, como el milagro de la reconciliación de nuestras relaciones más valiosas.  Somos testimonio de perdón.  Nuestro matrimonio y nuestra familia son testimonio de reconciliación.

Si anhelas más información sobre este tema, te invitamos que visites nuestra página canaanusa.org, y escríbenos a [email protected]

Jaime Garcia

Jaime Alberto García, colombiano de nacimiento, americano por adopción. Ingeniero Civil de profesión, llamado al ministerio y ordenado pastor a los 28 años. Casado con Liliana y padre de tres hijas. Junto con su esposa fundaron hace 12 años una iglesia de restauración llamada Canaán. Canaán es un refugio donde los que sufren hallan consuelo y esperanza; existe por y para la restauración de familias, o individuos, dispuestos a permitirle al Señor que les sane y transforme para Su gloria.
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