Celebrar la Soltería no es solo bueno, es bíblico

Share on facebook
Share on twitter
Share on pinterest
Share on linkedin
Share on email

1 Corintios 7 es uno de los pasajes más ignorados del Nuevo Testamento, pero uno de los más relevantes para la vida de una gran parte de la población de la iglesia: los solteros. Dentro del cuerpo de Cristo es muy común escuchar cosas como: «no me sentiré plena hasta que no esté casada», «es difícil estar soltero cuando no tienes el don del celibato», «¿qué está mal conmigo?», ¿será que no soy lo suficiente atractivo, santo, obediente, maduro?».

Cómo consejera bíblica, se me rompe el corazón al ver tantos corazones solitarios y aferrados a un sueño que puede que venga o que no venga. Lo que es más preocupante es que la presión social y la soledad que esta fomenta, muchas veces se vuelve en un impulsor que lleva a las personas a buscar una pareja que no es creyente. Es fácil engañarte a ti mismo cuándo lo más importante en tu vida es encontrar pareja, no importa con quién, ¡lo importante es cumplir el sueño de casarte!

Además de las luchas personales, los solteros y solteras de la iglesia tienen a menudo que lidiar con los comentarios de sus hermanos y hermanas en la fe; «si eres así de intelectual no vas a conseguir esposo», «Dios te traerá a la persona pronto, voy a orar por ti», «quizás Dios está esperando a que madures en la fe para darte una esposa», «la Biblia dice que no es bueno que el hombre esté solo», etc..

Muchas veces esos solteros están en paz con su soltería, pero esa presión los hace sentir insuficientes y fracasados. En medio de todos esto, ¿qué pasó con 1 de Corintios 7? 

En los versículos del 6, 7 y 8, Pablo dice qué desearía que todos se queden solteros. Nota como en 3 versículos, Pablo repite su recomendación en cada uno de ellos. Más adelante nos explica que es mejor que el soltero (y casado) se quede como está (v25). Luego desarrolla todo un argumento acerca de la preferencia de la soltería, ya que los solteros disfrutan de una atención total en las cosas de Dios a diferencia de los casados que tienen que agradar a su pareja y cuidar de su casa (v32-34). A los padres que en aquella cultura estaban obligados a buscar esposo para sus hijas, les da «la libertad» de no tener que hacerlo, llamándolo como algo bueno. Y finalmente en la última sección, el apóstol anima a las viudas a no buscar un nuevo marido si les es posible (39-40).

¿Tenemos permiso para ignorar a Pablo?

Cuando los lectores postmodernos leen «yo desearía que todos los hombres fueran como yo», inmediatamente desprecian la recomendación, pensando que ésta es básicamente una añadidura a la Palabra inspirada. Piensan algo como… «Bueno, Pablo está tan solo dando su opinión», cosa que desmerita la recomendación y podría brindar permiso para ignorarla. Sospecho que el problema es que a los seres humanos nos gusta categorizar en blanco y negro.

La idea de «mandamiento» parece ser un contraste a la idea de «sugerencia». El primero tiene autoridad y hay que tomarlo en serio, el segundo pues no tanto. Pero Dios a menudo en su palabra deja latitud para los grises. Es por medio del Espíritu Santo que somos llamados al constante ejercicio de la sabiduría. La naturaleza del texto bíblico es reflexiva y nos invita a considerar todas las verdades que presenta para que logremos armonizarla y poco a poco aprender a caminar en la voluntad de Dios para nuestras vidas. 

¿Qué hacemos con las preguntas que no pueden ser contestadas doctrinalmente?

Esto es evidente en la práctica pastoral. Preguntas que no pueden ser contestadas con mandamientos dogmáticos surgen en el ministerio diariamente. Cada líder puede identificarse con alguna situación de consejería donde su respuesta es: «No es pecado, pero no te lo recomiendo». Esto es lo que Pablo modela en esta sección cuya riqueza no solo ofrece respuestas a los solteros y casados, si no a los líderes y su forma de abordar lo que la Escritura no aborda de forma específica. 

En el versículo 6 del mismo capítulo, el autor menciona que esto no es mandamiento del Señor. Afirma que estas son concesiones, es decir, el está autorizando algo que en aquella época era fuera del orden cultural: «no se casen si les es posible». En el mundo greco-romano el matrimonio era el estado de más alta estima y beneficio financiero. Ser soltero o soltera era símbolo de fracaso en el mejor de los casos y en el peor de los casos una profunda y multifacética limitante social, particularmente para las mujeres. El apóstol inspirado por Dios, ofrece una alternativa revolucionaria y una declaración impensable: «considera seriamente que podría ser mejor no casarse». 

En el versículo 25, el líder vuelve a mencionar que da su opinión como quien a recibido la misericordia del Señor y es digno de confianza. En otras palabras, nos hace ver que sus palabras contienen sabiduría confiable la cual debemos tomar con la mayor seriedad posible. En el versículo 40, Pablo apela a otra razón por la cual deberíamos de tomar sumamente en serio su sugerencia. El dice, «creo que yo también tengo el Espíritu de Dios».

Esta es una forma sutil de decir que la palabra que está ofreciendo no solo viene de él mismo, si no también de Dios. Esto no necesariamente tiene que caber dentro de la categoría de mandamiento, si no que, de forma proverbial, nos invita a pensar en el área gris de «tómalo muy en cuenta».  

No es sorprendente que, a lo largo de este pasaje, cuándo Pablo menciona su opinión con respecto a lo preferible de la soltería, nos recuerda ¿quién es él y el crédito que ha recibido de parte de Dios? Esto me recuerda a mi mamá cuando yo era adolescente y me animaba a tomar su consejo: «Alejandra, soy tu madre, no te digo esto para limitarte, te lo digo porque te amo y he vivido más que vos. Algún día vas a entender».

¿Qué concluimos con todo esto? 

No solo es bueno, si no bíblico el celebrar la soltería. La persona soltera no es incompleta, ni necesita buscar cónyuge. Por supuesto que hace bien en desear el matrimonio. La Biblia en ningún momento castra esos deseos. Y ciertamente la soltería puede representar momentos muy solitarios, sentimientos de abandono y hasta desesperanza. Al igual que es importante validar los sufrimientos de aquellos que sufren en su matrimonio, es importante reconocer y validar los sufrimientos de los que viven su soltería. Ambos estados siempre serán un recordatorio de la esperanza eterna que tenemos en Cristo, la plenitud que solo alcanzaremos en la vida eterna. Mientras tanto, pongamos atención a la buena noticia para todos los creyentes de considerar profunda y seriamente que el nuevo testamento nos ofrece la libertad (¡el don o regalo!) de guardar y respetar la soltería de nuestros hermanos en la fe. 

Jesús también habla de este tema y aprueba a los que escogen la soltería para dedicarse por completo al servicio a Dios. No solo eso, sino que en el contexto socio cultural de la época, la concesión cristiana fue un paso radical para darle una nueva autonomía a las mujeres en particular. 

El pensar en la soltería como una libertad, más que una maldición, debería movernos a la gratitud, el asombro y el gozo. ¡Somos plenos en Cristo, no existe la «media naranja» en el reino de Dios! 

 

Comentarios

Suscríbete a nuestro Boletín

También te puede gustar