Los tres niveles de la fe

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¿Qué tipo de fe tienes? ¿Cuál es la que fe te llevará a cumplir lo que Dios tiene para ti?

La fe te lleva a lugares donde la razón no te permitiría ir. Dice Hebreos 11:1 «Es pues la fe la certeza de lo que se espera y la convicción de lo que no se ve». Quizás como yo, tú te lo sabes de memoria. Pero, ¿realmente vivimos una fe verdadera?

La fe te lleva a lugares donde la razón no te permitiría ir.

Quiero compartirte tres niveles de fe que impactaron mi vida de una manera increíble y que sé que hoy te llevarán a un nuevo nivel.

La fe natural

Es la fe humana; la que todos tenemos. Cuando vas a cruzar la calle, seas creyente o no, tienes fe natural para atravesarla y creer que puedes pasar. O, por ejemplo, cuando vas a iniciar un negocio, tienes fe en que te va a ir bien; o si te vas a asociar con alguien, la fe natural es la que te permite confiar en la otra persona.

La fe mental

La mente está de acuerdo con lo que se está expresando o diciendo; con lo que dice la palabra de Dios, pero aún no baja al corazón. ¡Ojo! Quizás la mayoría de creyentes estamos en este nivel de fe. Por ejemplo, cuando en tu iglesia dicen: «Todo lo puedo en Cristo que me fortalece», tú dices «Amén». Crees que Dios lo dice y que es verdad, pero cuando llega un reto a tu vida, cuando llega una dificultad por superar… ¿en verdad aplicas este versículo? ¿en verdad se ve en tu vida que todo lo puedes en Cristo?

La fe del corazón

Esta es la fe a la que estamos llamados a vivir, es la fe bíblica. La mente está de acuerdo, cree que es verdad, pero no se queda ahí, sino que baja y se planta en el corazón, y se evidencia en tu manera de vivir. Por eso la palabra dice que la fe sin obras es fe muerta, porque la fe del corazón es aquella que no simplemente cree que una promesa de Dios es verdad, sino que camina y vive de acuerdo a esa promesa.

La fe del corazón es aquella que no simplemente cree que una promesa de Dios es verdad, sino que camina y vive de acuerdo a esa promesa.  

Para darte un ejemplo: imagínate que estás escalando un monte gigante y cuando estás en la cima, ves que la bajada está muy peligrosa y que ya no tienes cómo hacerlo. Resulta que hay una cuerda que conecta ese monte con otro monte que está al frente, pero hacia abajo hay un tremendo precipicio. Una de las personas con las que escalaste el monte es experta en Slackline (equilibrio en cuerda) y comienza a pasarla. La pasa una vez, dos, tres, y hasta cuatro veces. Luego la pasa hacia atrás, hace algunos pasos de Michael Jackson y tú dices «¡Wow!» Si te pregunto, ¿crees que él puede volver a pasar otra vez? Seguro tu respuesta es «sí, claro». Mi mente me dice: «si ya lo hizo tantas veces, lo puede volver a hacer». Esa es la fe mental.

Ahora, resulta que justo en ese monte hay una carretilla con una rueda adelante, perfecta para que tú te montes y aquella persona que sabe pasar la cuerda te lleve, ¿te montarías? La fe natural dice: «Ni loco, hay un precipicio, nos vamos a caer». La fe mental dice: «Él puede, pero yo no». ¡Pero la fe del corazón, es montarte en la carretilla! No solo creer que es posible, sino confiar y subirte.

Piensa por un momento que estás en un país diferente al mío y yo decido regalarte mi carro. Me mandas todos los documentos, los firmamos y lo único que tienes que esperar es que ese carro llegue. Vas en el bus hacia tu lugar de trabajo, hay mucha gente y alguien te dice: «Si tan solo tuviéramos carro, ¿tú tienes?» ¿Qué le responderías? Quizás le dirías: «No, yo no tengo por eso voy en este bus». O alguien con fe mental le diría: «Parece que me van a regalar uno, pero aún no lo tengo». ¿Sabes qué diría la fe del corazón? «¡Sí tengo y viene llegando!»

¿Y para qué necesitamos este tipo de fe?

1. Fe para agradar a Dios: sin fe es imposible agradar a Dios. Agradar es obedecer cuando Él nos pide que pisemos donde nunca lo hemos hecho. Necesitamos esa fe del corazón para agradarlo.

Agradar es obedecer cuando Él nos pide que pisemos donde nunca lo hemos hecho.

2. Fe para levantarnos: cuando estamos en el suelo, cuando estamos caídos, cuando estamos abatidos, esa fe es la que nos puede levantar y animar. Es la fe que nos permite no solamente creer que Dios es grande y omnipotente, porque lo es, sino creer que Él actúa en nuestras vidas. Como Job cuando decía en medio de todos sus problemas: ¡Yo sé que mi Redentor vive!

3. Fe para conquistar: piensa en personajes como Josué, Ester, Nehemías, David; necesitaron fe para conquistar.  Se necesita fe para conquistar las promesas de Dios en nuestra vida; fe para conquistar ese nuevo monte que Él quiere que alcancemos; fe en el corazón para creer que Él nos dará la victoria.

4. Fe para descansar: descansar en sus planes, en su voluntad cuando quizás las cosas no están saliendo a tu manera. La fe para descansar dice: «yo suelto el control y aunque soy diligente con lo que tengo que hacer, también descanso en que tus planes son mejores que los míos».

Hoy te reto a que tengas una fe genuina, una fe del corazón, una fe práctica, una fe con obras, una fe que se atreve a subirse a la carretilla, una fe que sabe que Sus promesas sí las tiene y vienen llegando.

Sara Arcila

Sara Arcila Zapata, hija de Dios, esposa enamorada y mamá perruna. Comunicadora Social y Conferencista. Estudiante de Teología y Liderazgo Cristiano en Cristo para las Naciones. Creadora de @tiempodeimpacto y fundadora de la Cumbre Virtual para Líderes Cristianos. Ama servir a Dios y a esta generación, compartiendo el mensaje de Jesús de una manera relevante y práctica, a través de su vida y de los diferentes canales de comunicación. 
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