¿Qué le vamos a dejar a las próximas generaciones?

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Este título creo que podría parecerles cómico a algunas personas, ya que proviene de una mujer bastante joven. Tengo treinta y un años y, luego de observar el ambiente político, social y cultural en el que vivimos, mi mayor preocupación no es quiénes están en los lugares de poder alrededor del mundo, sino que mi mayor preocupación es «¿Qué le vamos a dejar a las próximas generaciones?». 

Es evidente que vivimos en tiempos de excesiva discrepancia, pero también es cierto que hemos dejado que estas discrepancias nos dividan hasta el punto de «cancelar» a todo el que no piense igual que nosotros, incluyendo a las nuevas generaciones.

Hace algunos días hablaba con una persona muy cercana acerca de todo lo que está ocurriendo y su pregunta hacia mí fue: «¿Qué piensas que Jesús hubiera hecho si estuviera físicamente entre nosotros? ¿Crees que hubiera escogido un partido? ¿Crees que se hubiera alineado a un ideal?». Me parece que todo lo que está ocurriendo nos tiene a muchos con millones de preguntas corriendo por la mente. Sin embargo, considero que nos hemos detenido a pensar en las miles de preguntas que tenemos porque miramos a Jesús desde las circunstancias y no desde quién es Él en realidad. 

Por años nos han enseñado que el Dios que servimos es un Dios soberano que no se doblega ante nadie. En cambio, tal parece que en tiempos de confusión, diferencias y conflictos se nos olvida que, si creemos en un Dios soberano, no tenemos por qué preocuparnos por el ambiente político, ni por los asuntos sociales y culturales. 

Si lo que buscamos es mostrar el carácter de Jesús en todo, más que anular a alguien que piensa diferente, nos toca reconciliar, indagar, buscar más allá para poder entender por qué pensamos así. ¿Qué sucedería si nos propusiéramos reconciliar a las generaciones, si nos propusiéramos encontrar los puntos de convergencia? A menudo vemos frases como: «Es más lo que nos une que lo que nos separa» No obstante, hasta cierto punto, dejamos que eso que nos separa grite más fuerte.

Después de las elecciones en los Estados Unidos, se ha notado un espíritu de derrota entre algunas personas como si Dios se hubiera retirado de su lugar, pues no ganó el candidato de su predilección. ¿Acaso Dios se doblega ante algún gobernante? ¿Acaso su protección, cuidado y poderío están atados a algún ideal? ¿Acaso ha dicho que terminó con sus hijos? ¿Acaso está sujeto a las circunstancias de este mundo? 

El Dios del que me han hablado toda mi vida está por encima de las circunstancias. Es un Padre bueno, es un Padre fiel, es un Padre que está a mi favor. Por lo tanto, si al Dios que yo le creo es un Padre bueno que ha demostrado ser fiel aun en los peores momentos, ¿por qué no lo sería ahora? ¿En quién estaríamos creyendo si Dios doblegara su soberanía ante algún gobernante?

Entonces, ¿qué legado le vamos a dejar a las próximas generaciones si con nuestras palabras decimos que Dios es bueno, Dios es fiel, Dios es por nosotros, pero con nuestras acciones decimos que estamos derrotados? 

Yo veo una generación llena de expectativa, llena de esperanza, llena de vida, confiando en que Dios todavía está en su trono. Es más, veo una generación que está esperanzada en que los que nos enseñaron todo esto nos guíen hacia lo nuevo, lo bueno, lo mejor que Dios tiene para esta generación. Veo una generación hambrienta por conocer a ese Dios del que por siglos hemos estado escuchando. Veo una generación lista para recibir lo mejor de Dios para sus vidas y para nuestra sociedad. 

¿Estaremos listos para ocupar el lugar que nos corresponde e ignorar las circunstancias? ¿Estaremos listos para creer que Dios sí tiene planes de bien y esperanza para esta generación y las próximas que vendrán? ¿Estaremos listos para ser las columnas que edifiquen a las próximas generaciones? ¿Estaremos listos para que esta próxima generación experimente a Dios de una forma más grande, más fuerte, más intensa que las generaciones pasadas?

Detengámonos un momento y evaluemos qué le estamos dejando a las próximas generaciones. Tengamos conversaciones poniendo a un lado nuestras opiniones y juicios. Hagamos preguntas sin tener una respuesta lista para debatir. 

Construyamos puentes en vez de paredes. Desde el principio de los tiempos, Dios ha amado a la humanidad con amor desmedido y sin condiciones. ¿Por qué habría de detenerse ahora? Sus promesas no se han invalidado. Su Palabra sigue siendo vigente. Su amor sigue siendo inagotable. 

Te invito a que dediquemos un momento y le recordemos a nuestro corazón que el Dios que nos trajo hasta aquí es fiel y seguirá siendo fiel. Recuérdale a tu corazón que la mano de Dios no se ha acortado ni se acortará jamás para sus hijos.

Lorraine Blancovitch

Lorraine culminó sus grados de licenciatura en Administración de Empresas con especialización en Comunicaciones, y su maestría en Comunicaciones Integradas y Mercadeo, graduándose con honores de la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico. Actualmente es Publisher de Editorial Unilit.
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